domingo, 19 de junio de 2016

¿Menú del día? ¡ensalada!

"Cuervos negros de Shambalá, guiadme en vuestra oscura senda sin retorno, en ella quiero perderme y nunca más volver. Negra noche me abruma, oscura niebla me envuelve, por ti clamo locura de morir que me impulsas a vivir. Luces centelleantes ciegan el horizonte, temor perdido en luz de sueños posibles que aterrorizan ante el miedo de ser lo que siempre has querido ser y descubrir que ese ser no es lo que soñabas ser. Juego de palabras conexas transformadas en inconexas. ¿Dónde queda la cordura? ¡Oculta por la pasión! ¡Sumergida en el miedo! ¡Sepultada en la derrota! Diablos danzantes que me acosáis ¡pido un respiro! Bocanadas de aire fresco me impulsan una vez más en medio de este mundo distorsionado y maldito, mundo inmenso y pequeño, mundo oscuro y quimérico, mundo retorcido y certero ¡mi mundo! Camino ciego buscando el rumbo tanto tiempo atrás perdido, la nada me envuelve en tanto yo camino detrás del todo ¡no hay términos medios! Es lucha sin cuartel que inunda cada rincón del planeta, poderes que chocan y quimeras que se aplastan ¡La libertad no existe! ¡Shambalá! ¡Cuánto te añoro Shambalá! "


miércoles, 29 de abril de 2015

Leer

(Del lat. legĕre).
  1.  tr. Pasar la vista por lo escrito o impreso comprendiendo la significación de los caracteres empleados. 
  2. tr. Comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica. Leer la hora, una partitura, un plano. 
  3. tr. Entender o interpretar un texto de determinado modo. 
  4. tr. En las oposiciones y otros ejercicios literarios, decir en público el discurso llamado lección. 
  5. tr. Descubrir por indicios los sentimientos o pensamientos de alguien, o algo oculto que ha hecho o le ha sucedido. Puede leerse la tristeza en su rostro. Me has leído el pensamiento. Leo en tus ojos que mientes. 
  6. tr. Adivinar algo oculto mediante prácticas esotéricas. Leer el futuro en las cartas, en las líneas de la mano, en una bola de cristal. 
  7. tr. Descifrar un código de signos supersticiosos para adivinar algo oculto. Leer las líneas de la mano, las cartas, el tarot.

Una foto publicada por Top Cat Photo (@topcatphoto) el

martes, 28 de abril de 2015

Gigante entre enanos

¿No lo sabes? Es tu grandeza la que te convierte en miserable
¿Paradojas de la vida? El miedo a las alturas es el vértigo del cobarde
Las líneas torcidas no siempre son visibles a la primera ojeada 

Una foto publicada por Conqui I. Ch. (@conqui) el

martes, 19 de agosto de 2014

Buscando lo perdurable

Antes de que algún viejo asiduo a este blog se ponga a leer y piense "esto lo leí antes", aclaro que este post es copy past de otro publicado en octubre del 20011 ¿que porqué lo hago? por Vegvisir, mi nuevo tatuaje.
"Nacho me estaba hablando de sus vacaciones en tres continentes, de los quince países que ha visitado, y de la chica filipina que conoció no sé dónde, que es "superguay y supermona y muy católica, no se crea". Entonces tragó saliva y soltó:

-Me he hecho un tatuaje…

-¿Dónde?

-En Corea.

-Digo que en qué parte del cuerpo.

Se remangó la camisa, y casi a la altura del hombro había un nombre femenino sobre una manzana, y a manera de orla, unas letras...

-Es tagalo.

-Ya ¿y qué significa?

-¿Y a usted qué le importa?

El tatuaje era de los de verdad, de los que valen cinco papeles y sólo se borran con "una operación a base de láser, tío, que yo no me la hago ni harto de vino". Terminada nuestra conversación fui a desahogarme con Heinz Kloster, que fue pirata a finales del siglo dieciocho y está más tatuado que un caldero de Toledo. Le pregunté el porqué de esta moda, ahora, en pleno siglo XXI

No te confundas, muchacho –me respondió–. El tatuaje no es una moda ni lo será jamás. "Moda", por definición, es lo que cambia, lo efímero. El tatuaje es lo permanente, lo que dura hasta la tumba. Agarró el vaso de ron y se me puso nostálgico:

-Cuando yo navegaba, allá por el mil setecientos y pico, el tatuaje era lo único que no te robaban los años: te acompañaba a la gloria o a la horca. Era el salvoconducto que te abría las puertas de todas las tabernas, tu carné de identidad, tu currículum vitae y tu tarjeta de crédito; tu fe de vida, tu certificado de penales y de mala conducta. El tatuaje era también un aviso para navegantes, una amenaza para cortesanos, y, para quien lo portaba en su pellejo, un souvenir de quién sabe qué lejanos puertos y hazañas. A muchos de nosotros se nos conocía sólo por el tatuaje: "¡Ha llegado el de la sirena tuerta", decían…! Yo mismo me identificaba así. Incluso llegué a olvidar mi nombre: ¡Qué tiempos, amigo mío!

-Pero, ¿por qué han reaparecido ahora?

-Por eso, muchacho, por eso… Porque son para siempre. Son lo único perdurable. El que se hace un tatuaje sabe que no está siguiendo una moda; está comprometiendo su futuro en una ceremonia de sangre y ron.

Heinz Kloster se metió un lingotazo en el esófago, y continuó:

-Éste es un siglo cobarde…, y la culpa es de tu generación. Habéis llenado de canguelo los calzones de los chavales, y ahora tienen miedo a ser jóvenes, o sea, a jugarse la vida… Les habéis explicado que para ser libres hay que huir de todo compromiso. Les habéis dicho que no se aten a nada ni a nadie; que hay que amar pero sin papeles, que es preciso conservar siempre abierta una escotilla en la retaguardia para escabullirse si algo sale mal. ¡Vivid al día! –les dijisteis– ¡Carpe diem!, gozad del placer de este instante, no sea que mañana esté vacía la nevera. No tengáis hijos: os encadenarán. No hagáis promesas: la vida es muy larga. No os caséis en serio: disfrutad del sexo light... Les habéis hecho creer que la libertad consiste en imitar a las gaviotas, que cambian de pareja en cada marea y se alimentan de carroña y chapapote. Habéis inventado un matrimonio trivial y quebradizo como la terracota, que se deshace al primer conflicto. Para colmo lo habéis hecho obligatorio… Ya ni siquiera existe el derecho a entregar la vida entera, a lanzarse sin red a la aventura del amor. Quien lo haga será considerado un enfermo o un talibán.

-Oye, que yo no…

-Los habéis condenado al egoísmo crónico, a la vida sin sangre ni sustancia y, en último término, a la soledad. ¿Y me preguntas por qué se hacen tatuajes? Para que la palabra "siempre" tenga algún significado.

-Así que tú estás a favor…

-Ni a favor ni en contra. La vuelta de los tatuajes demuestra que la naturaleza humana no ha cambiado: necesita ejercer ese supremo acto de libertad que nos asimila a Dios porque nos hace eternos… El hombre exige el derecho a comprometerse, y a decir "para siempre: hasta la muerte".

Ya digo, el pobre Kloster estaba un poco borracho. Me miró desde lo alto del óleo que colgaba encima de la chimenea del salón y se quedó inmóvil, con la vista perdida en el reloj de cuco..."

 *Escrito por Enrique Monasterio en julio del 2007