domingo, 11 de enero de 2009

Divagando en Domingo

De lunes a viernes hago todo lo que se espera que haga, dejo de ser como yo quiero (sueño) ser para ser como ¿debo?  (realidad)  ser ¿Con qué fin? Debe ser el afán de que por una puñetera vez las cosas me salgan como yo quiero: bien. Pero no pasa nada. No digo que sea malo, pero definfinitamente tampoco es bueno, más bien lo definiría como vacío ¿aburrido? ¡definitivamente!

Hecho de menos la adrenalina del riesgo, de hacer lo contrario a lo que todo el mundo me dice que debo hacer. Por una vez les estoy siguiendo la corriente, tratando de ser parte del rebaño; y me aburro, me canso, me neurotizo y me vuelvo intolerante... ¡me niego a terminar siendo una vieja amargada!

No aguanto la tontera ajena, sólo la mía. Disimulo, trago, resisto ¿por cuanto tiempo más? El que haga falta, el que pueda ¿El que deba? Ni la más puñetera idea. El que pueda. ¿Bastará con eso? ¡La pregunta del millón! Hagan sus apuestas señores, esta historia aún no acaba ¿empieza? Hace rato que empezó sólo que por ahora parece estancada, corren los días y la misma escena se repite: despertador a las 6:30, hacerse la loca hasta las 7:50, levantarse, tomar desayuno (jugo de naranja, café, pan pita con lo que sea), encender la TV, fumar un cigarrillo, meterse a la ducha, disfrazarse, ponerse la pintura de guerra, subirse al metro a las 8:00 (no debo olvidar el “Publimetro” que regalan en las escaleras), llegar a la oficina a las 8:30, trabajar, trabajar, café y cigarrillo a las 11:00, trabajar, trabajar, agua y cigarrillo a las 13:300, trabajar, trabajar, llegar a casa a las 18:30, almorzar un sandwich de lo que sea con el  pan fresco que compré en el Big John de la esquina, encender  la radio, escuchar “A todos nos pasa lo mismo” en radio Duna hasta las 20:00 mientras entro en internet, esperar que den las 21:00 para llamar a mi madre y decirle “que sueñe con los angelitos”, preparar las cosas para el día siguiente, ponerme pijama, sacarme la pintura de guerra y lavarme los dientes sin olvidar la crema que promete retardar la aparición de las arrugas (mentira, no funciona), meterme a la cama, hacer el crucigrama del “Publimetro”, apagar la luz y tratar de dormir: mañana la escena se repetirá...

¿Se supone que eso es lo que debo hacer el resto de mi vida para que todos estén contentos? ¿dónde queda lo que me hace feliz a mí? Y es esa pregunta la que me tiene en compás de espera ¿qué me hace feliz? Señores, afírmense los churrines: el día que encuentre la respuesta del qué y el cómo, nada ni nadie me detendrá (así me equivoque una vez más).
 
Ahora me voy a bañar, a las 9 me voy a ver  en Apoquindo con El Bosque a Binari,  unos coreanos que tocan tambores en el contexto de  Santiago a Mil que, parece, son alucinantes ¡y es gratis!

2 comentarios:

xwoman dijo...

Hermosa cobradora, ser feliz es una tarea de todos los dias?? Esa es mi pregunta, fíjese usté. Yo creo que lo la felicidad hay que buscarla en esas pequeñas grandes cosas cotidianas. Por ejemplo yo soy inmensamente feliz cuando me quito los zapatos tras llegar de mi trabajo visiblemente agotada. Felicidad es tomarme un chocolate caliente frente a la TV, felicidad es divagar el domingo!, claro que sí!

Un abrazo mi amiga... y de paso..

SPAM!!! :
http://olorahierro.blogspot.com/2009/01/una-oracin.html

Sólo porque esto lo amerita
:$

NoeliaA dijo...

Los domingos nadie deberia trabajar.