jueves, 12 de febrero de 2009

En busca del ying Perdido

El otro día me dijeron que yo tenía exceso de yang y muy poco ying, y que debía trabajar el tema. Lo primero que pregunté es ¿y cómo mierda se hace eso?. Me dijeron que el ying lo había dejado olvidado en la niña que alguna vez fuí, y que para recuperar esa energía debía recuperar a la niña. Para lograrlo, me sugirieron que los días martes y viernes me diera una tina con cáscara de naranja y sal gruesa; pregunté sobre el tamaño de la tina pensando en la mía, me respondieron que daba lo mismo y que sería mejor si era chica porque así uno se hacía pelotita y se sentiría de vuelta en el seno materno... ¡Coño! yo más que pelotita me sentía pelotuda enroscada en mi media tina y sin saber dónde meter las piernas (obviamente, sin la elasticidad que tenía esa niña que debo recuperar).

El ying se supone que es la energía femenina, lo que suaviza a las personas y las conecta con sus emociones. Como soy eminentemente práctica decidí ponerme tareas. La primera tarea/meta es cambiar mi forma de caminar ya que, como alguna vez me dijeron, parezco Jhon Wayne bajándose del caballo (puro yang); voy a saber que lo logré el día en que un weon se tropiece por jotearme emulando la escena dónde la protagonista de "Memorias de una Geisha" (gran película, mejor libro) logra que un tipo se caiga de su bicicleta con sólo mirarlo. Practico todos los días: cambié la música del Ipod y ahora camino marcando el ritmo con las caderas, al mismo tiemp me concentro en poner un pie delante del otro  sin olvidar apretar los abdominales, llevar la espalda derecha y la mirada de frente. Aún no logro que nadie se tropiece excepto yo, que, por caminar con la vista alfrente, metí el pie en un hoyo y casi me voy de hócico al suelo (mi nariz chueca puede dar fe que no sería la primera vez que me pasara algo así).





Fíjense en el minuto 10...

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