domingo, 8 de febrero de 2009

¿Es necesario un título?

Este fin de semana me quedé en Santiago y me reconcilié con el departamento: es silencioso y eso es un bien muy escaso en esta neurotizada ciudad . Ok, no escucho los pajaritos, ni el mar y mucho menos el crssshhhh que hace la nieve deslizandose en las ramas cuando el sol empieza a entibiar; pero tampoco escucho los frenazos en la luz roja, ni sirenas ni camiones ni buses, a lo más escucho el auto que sale del garage o al vecino de arriba sonándose los mocos asomado por la ventana ¡porque hay que ver lo bien que se deja escuchar!

¿La sorpresa de la semana? Finalmente,  y luego de muchos trámites, tiempo, malos ratos y lucas, soy una flamente divorciada por mucho que la vieja guardia familiar no conozca el concepto y hablen de mi vuelta a la “soltería” ¡¿Perdón?! ¡Soy divorciada y a mucha honra! Harto que me costó (y ahora no hablo de plata). Jamás voy a volver a ser soltera, y tampoco me interesa;  prefiero mil veces más mi estado actual con toda la sabiduría que implica, a vivir en la edad de la ignorancia.

La sorpresa no es el divocio en sí, bien o mal era un tema que se arrastraba hace años, lo sorpresivo ha sido la sensación de libertad. Es una estupidez, lo sé, pero desde el martes me siento capaz de hacer cualquier cosa, y ese cualquier cosa no deja de inspirarme respeto (por no decir miedo).

Ahora sé que puedo hacer lo que me de la gana; sé que tengo la fuerza de hacerlo. El punto es ¿cómo *uta voy a saber que ahora sí es lo correcto y no la estoy cagando una vez más?

Según me han dicho, y dados los antecedentes empiezo a creerlo, mi punto débil es la nula capacidad de hacer la elección correcta, así que el martes, de vuelta de tribunales con mi testigo más importante, le dije que me hiciera firmar un papel diciendo que yo podría proceder  una vez que, sólo y sólo sí, tuviera su visto bueno. Así entre nos, confieso que en un principio le pedí que me lo dijera, y me respondió que le daba miedo mi reacción porque yo podía ser muy cabezota y malas pulgas,  y así llegamos a la carta-compromiso por ser algo tangible, y no sólo sonidos que se pierden en la memoria de las circunstancias.


(Debo controlar mi yang)

2 comentarios:

Anonymous dijo...

Al fin, los papeles atan más q las cadenas, definiticamente.

Genial ! Besos

Isa

Anonymous dijo...

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