martes, 7 de abril de 2009

Día de cocina

Preparando almuerzo, experimenté otro inconveniente de andar usando anteojos en vez de lentes de contacto (por eso de no lograr calcular las distancias correctamente).

Luego de estudiar por varios minutos mi bien surtida despensa, opté por preparar spaghetti con pavo a la crema, manera elegante de llamar al mejunje  que cociné con el paquete de tallarines y el tarro de crema que me iban quedando (el pavo lo tenía congelado). Todo bien hasta que llegó el momento de tirar los tallarines al agua hirviendo: el cálculo de la distancia que había entre mis dedos y la superficie del agua caliente, me falló. Opto por ahorrarme los improperios que pronuncié en tan álgido minuto.

Aparte de eso, todo bien: me había olvidado lo rico que era cocinar con la música fuerte y una copa de vino.


(Y no, no fue culpa del vino que metiera los dedos al agua hirviendo)

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