domingo, 26 de abril de 2009

Tarde de Domingo

Me gustan las tardes de domingo tranquila en mi casa. Nada pendiente (ok, casi nada: debería estar haciendo aseo, el depa es un asco), nadie que vaya a llegar a incordiar; libre de hacer lo que quiero y no lo que debo.

Y no es que quiera hacer grandes cosas. Por ejemplo, una típica tarde de domingo sería llegar de la playa tipo 4 – 5 de la tarde, ordenar las cosas (siempre me mandan de vuelta con pic nic y la ropa lavada y planchada), llamar a mi madre (“aló... sí... llegué bien... poco tráfico ... no, no me vine rápido... me demoré lo mismo que siempre... sí, no se preocupe... un beso, la quiero mucho”: por más ridículo que me pueda parecer ridículo y yo ya esté vieja para andar “marcando tarjeta”, lo seguiré haciendo mientras a ella eso la deje feliz y tranquila); después de esas “obligaciones”, me pongo a ver una película, me tiro en la cama a leer, me doy una tina (media tina mejor dicho porque la wea que tengo en el depa es chica y toca encojerse un poco pero es lo que hay y yo soy feliz); o me pongo a escribir como ahora, con una copa de vino (fue parte del pic nic de este domingo) y escuchando al, para mí, nunca suficientemente bien ponderado Bosé de fondo ( ¿¡a quién chucha le puede importar si es maricón o no mientras haga bien su pega?!).




Algunas veces, reviso las agendas y cuadernos viejos que llevo acumulados desde que estaba en el colegio, y me encuentro con frases del tipo “El insuficiente conocimiento del futuro se llama en algunos casos esperanza y en otros incertidumbre” (31.08.04), o “Una señal que diga que aquí se puede tener un hogar y no sólo una casa” (26.11.03); otras son más breves pero precisas, tipo “El care raja casi pierde el avión” (16.10.08) o “Finalmente salí de casa de los M.: primera noche en mi depa” (06.10.2007).

Yo no sé si estaré muy loca, pero cada una de esas palabras desencadena en mí una serie de recuerdos que me hacen reflexionar sobre diversos puntos de la vida, con la perspectiva del tiempo, buscando lo que debo aprender. Esas son las mejores tardes de domingo: cuándo descubro que aprendí la lección.

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