domingo, 10 de mayo de 2009

El síndrome de "por si acaso".

El tamaño y contenido de su maleta delata la edad de una mujer, aunque primero tengamos que convenir que “maleta” es en modo genérico, ya que puede ser zurrón, mochila, bolsa, baúl…cualquier cosa que sirva para trasladar por un fin de semana sus enseres personales del punto A al punto B.

Cuando un ser humano de sexo femenino no pasa de los 10 años, los juguetes son su mayor preocupación, la ropa la decide su madre, y el cepillo de dientes es el único adminículo de aseo personal que lleva (el cepillo de pelo lo esconde porque no le gusta peinarse).

Entre los 10 y 12 años la cosa empieza a cambiar: las muñecas dejan espacio al game boy (¿no existirá un game girl?) y la ropa empieza a elegirla ella. Junto al cepillo de dientes ahora aparece algo con qué peinarse, además de adornos varios para una larga cabellera que empieza a ocuparle bastante de su tiempo libre.

Al pasar los 15 años definitivamente desaparecen los juguetes y aparece algún artefacto para oír música aislada del mundo tipo ipod; ahora ella elige su ropa y se manifiestan los primeros síntomas del síndrome de “por si acaso”… La sección aseo personal aumenta de tamaño y, junto a los accesorios para el cabello, los cosméticos son su mayor preocupación: un brillo de labios como mínimo, la cucharita para rizarse las pestañas, algo de colorete y alguna sombra muy a la moda de color chillón combinada con su respectivo delineador de ojos.

Cuando nuestra viajera cruza la barrera de los 20 se agudiza el síndrome de “por si acaso” lo que se evidencia en un aumento sustancial del tamaño de su equipaje: los zapatos para ir a bailar por si acaso la invitan, el bikini por si acaso hay sol, tres pares de pantalones por si acaso se le ensucia uno... La sección de aseo personal también aumenta de volumen y aparece el bronceador por si acaso toma sol, secador de pelo y fijador por si debe hacerse algún peinado elaborado y tampax por si se le adelanta la regla. Los cosméticos se han sofisticado y, por ejemplo, la cucharita para rizar las pestañas ha sido cambiada por una especie de tijera media redonda con bordes de goma (¿quién habrá sido la ociosa que la inventó?), su único brillo de labios se ha transformado en varios de colores para combinar con su ropa, y diversas sombras y delineadores para combinar según la ocación amerite. Todavía no logra definir si prefiere los colores de moda o los que de verdad le gustan a ella.


Pasando los 30 la cosa es grave: empieza a preparar la maleta con días de antelación por que no es fácil decidir que llevará para el fin de semana: un libro por si acaso se aburre, su pijama de franela por si hace frío, algo un poco más sexi por si acaso encuentra compañía, dos bikinis para lucir ante él y un bañador entero por si es mucha la competencia en la playa de carnes jóvenes y más firmes que la de ella. El tema de aseo personal aumenta dramáticamente: una crema humectante, otra hidratante y una antiarrugas, algo para un hipotético resfrío, algo para el estomago por si come algo que le caiga mal, preservativos porque ya sabe que hay que andar preparada, antiácidos por si la resaca es fuerte y muuucho maquillaje: sombras, bases, coloretes, delineador de ojos y de labios... Afortunadamente ahora ya tiene claro los colores que le gustan, aunque también lleva los que están de moda por si acaso le hacen falta.

Pasado los cuarenta nuestra viajera probablemente decida que irse fuera sólo por el fin de semana implica mucho trabajo. y en su apretada agenda no tiene tiempo de pensar en maletas y renuncia a las escapadas de fin de semana. Prefiere quedarse tranquila en casa dónde tiene a la mano todo lo que le sirve en caso de necesidad.

Superada la barrera de los cincuenta, esta pobre mujer decide que quedarse en casa es un aburrimiento enorme, que ya está en edad de hacer lo que le da la gana sin tener que pensar en nada que no sea ella. Su maleta ahora lleva lo indispensable de ropa y lo mínimo de maquillaje.

Finalmente, después de medio siglo de vida, ha aprendido que lo que importa es su comodidad y no los por si acaso, que lo entretenido de viajar son los imprevistos y que siempre hay en alguna esquina un lugar dónde comprar lo que se quedó en casa.

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