jueves, 14 de mayo de 2009

Vocación Religiosa

Hay momentos en que me gustaría ser monja ¡y de clausura! estar encerrada en mi propio mundo sin hablar con nadie, únicamente preocupada de repetir todo el día eso de “padre nuestro que estás en los cielos…” mientras mis manos trabajan la tierra o preparan mermeladas; ganas de no querer saber nada de nadie ni de lo que pasa afuera, de dimes y diretes, de burocracia, leyes, trámites, cuentas…; días en que mandaría tranquilamente todo a la mierda creyendo que luego de un “perdóneme padre, he pecado” la vida volverá a sonreírme.


(Hoy no ha sido un buen día, y aún no termina)

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