lunes, 22 de junio de 2009

Sobremesa: la muerte

Con mi madre más de una vez hemos hablado de la muerte, más ahora con esto de la porcina, y a la única conclusión que logramos llegar es que lo "más mejo'l" sería que si le toca morirse por la porcina a alguna de las personas que conocemos, lo mejor para todos es que fuéramos alguna de las dos y preferentemente, yo que no tengo hijos. Salvo algo de pena para los pocos que me puedan tener algo de cariño, no hay mayores problemas: no quedan huérfanos, no quedan deudas y tampoco herencia, no dejo nada (no deja de ser algo apabullante tomar conciencia de ello) .

No hay nada que me ate a este mundo, que me muera o siga viva no afecta en nada la rutina diaria de las personas que me rodean , ni siquiera tengo herencia por la que se puedan agarrar del moño y para los gastos de entierro ya me preparé: tomé un seguro de vida cuyos beneficiarios son mis 3 ahijados con el compromiso de pagar mi cremación y el resto que se lo farreen (son pocas lucas, a lo más les alcanzará para un viaje a Chimbarongo).

En un blog anterior, cuando escribí sobre la muerte, mi hermana mayor llamó de lo más preocupada a mi madre diciéndole que yo me pensaba suicidar: ni cagando, no entra en mis planes, eso que quede claro. Simplemente escribo las tonteras que pasan por mi cabeza. Es como cuando tenía 11 - 12 años y gritaba a los cuatro vientos que cuando cumpliera 30 me suicidaría porque no quería ser vieja. A los 29 me dí cuenta que lo estaba pasando demasiado bien así que obvié el punto cuando cumplí los 30 y aquí sigo para bien o para mal (aunque viendo en restrospectiva lo que fué esa década, tal vez no habría sido tan mala idea, aunque me quedaría con la duda de saber que me traerán los 40 y los 50 y los 60...).

No entiendo que la gente se espante tanto cuando se habla de la muerte siendo que es lo único que tenemos seguro en esta vida. Schopenhauer dijo algo como que desde que naces, eres lo suficientemente viejo para morir (depresivo el tipo), y no dejo de encontrarle razón, sobre todo después de haberme tocado vivir de cerca la experiencia de la muerte de algún niño.

¿Porqué hoy me da por hablar de la muerte? porque hace un frío de la puta madre, porque el fin de semana fue como las pelotas, porque hoy ha sido un día de mierda y estoy tremendamente cansada, además de triste, y porque hoy el depa me recuerda una cripta por lo helado y húmedo; pero más que nada, porque me da la gana.

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