domingo, 15 de noviembre de 2009

La Minga

No diré que esto de la minga es únicamente chilote porque la verdad… ¡no tengo idea! Sí sé que yo la descubrí allí, en Chiloé, un hermoso archipiélago a poco más de 1.100 km al sur de Santiago, la capital de este largo y estrecho país.

Esta costumbre viene de muchos años atrás, de cuando las personas se preocupaban unas de otras y los vecinos eran tu mejor salvavidas, de alguna forma refleja la disposición (cada vez más escasa) que tenemos los seres humanos por ayudarnos unos a otros. ¿Y como funciona la minga? Simple: yo necesito ayuda para cosechar mis papas (patatas), talar un bosque, construir una casa ¡o moverla entera! y pido ayuda a mis vecinos para realizar en un día determinado esos trabajos pendientes; a cambio, yo me preocuparé de tener abundante comida y mucho vino, pero además asumo el compromiso de estar disponible para cuando me lo pidan. Porque esa es la clave de la minga, trabajar en equipo para lograr una meta que una persona sola no podría o le sería muy difícil.

Entre los diversos tipos de minga, la de una casa es la más espectacular; todos los vecinos llegan con sus yuntas de bueyes y entre gritos y silbidos uno puede ver como la casa avanza centímetro a centímetro:



“Son los animales los que mandan, donde se cansan hasta ahí se puede avanzar”.

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