sábado, 5 de marzo de 2011

Y así por ser... ¿qué sería el eclecticismo?

Recuerdo perfecto la primera vez que escuché la palabra "ecléctico": fue en el colegio, en clase de filosofía. Recuerdo que tenía desesperada a la pobre vieja de tanta pregunta que le hacía y en algún minuto me dijo “parece ecléctica”.

Sonó campana, se acabó la clase y yo ni muerta me pensaba quedar con la duda así que busqué su significado en el Diccionario de la Real Academia Española (no existía Google en esa época) y me encontré con más o menos esto mismo:

Ecléctico, ca. (Del gr. ἐκλεκτικός, que elige). 1. adj. Perteneciente o relativo al eclecticismo. 2. adj. Dicho de una persona: Que profesa las doctrinas del eclecticismo. U. t. c. s. 3. adj. Dicho de una persona: Que adopta una postura ecléctica. U. t. c. s.

Eclecticismo. (De ecléctico). 1. m. Modo de juzgar u obrar que adopta una postura intermedia, en vez de seguir soluciones extremas o bien definidas. 2. m. Escuela filosófica que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, aunque procedan de diversos sistemas.

Ahondando más, esta sería una historia aproximada del término...

Fue Diógenes Laercio, un historiador de la filosofía griega que vivió en la primera mitad del siglo II de nuestra era, quién usó primero el término eclecticismo, pero es Filón de Larisa quien le da significado y forma al término ecléctico (del griego ek-legein: elegir de diversas partes).

Filón de Larisa introdujo el eclecticismo en la Academia platónica que sobrevivía en el siglo I a. C., decía que las cosas en sí son incomprensibles, pero cuando uno se acerca a ellas empiezan a dejarse entender. Como buen griego andariego (posiblemente esclavizado, esa parte no la recuerdo) terminó en Roma dónde Marco Tulio Cicerón fue su discípulo, y es gracias a él que el eclecticismo, de cierta forma, se hace famoso.

Cicerón decía que las cosas no son incomprensibles, si no que somos nosotros quienes no podemos entenderlas; la verdad existe aunque no la podamos reconocer y por lo tanto no podemos anular la existencia de esa verdad, ni dejar de aceptar que hay auténtica certeza de las cosas.

Sólo poseemos probabilidades de verdad, aproximaciones o tanteos hacia ella; la verdad existe pero se esconde, y tal vez, aceptando muchas verdades y en diferentes momentos, logremos vislumbrarla.

Cicerón pensaba que el hombre debía huir de posturas dogmáticas enroscadas en su propia verdad, contrarias al debate y el diálogo, propensas a captar fieles, pero lejanas al intento loable de crear amistad y bonhomía entre los humanos.

¿Qué tiene que ver con el eclecticismo? Fácil: el eclecticismo se alimenta de concepciones distantes y hasta antagónicas entre sí porque lo que busca es síntesis creativa y equilibrada, no una adherencia ciega. Y esto es válido tanto para la filosofía como para la política, el arte, la ciencia… ¡hasta la cocina!

Ahora, para ser lo más justa posible y que cada quién tenga su propia opinión, cuento la otra versión de la misma historia: hay quienes dicen que el eclecticismo no es la búsqueda de nada, si no que más bien la tibieza típica de los que no se mojan el culo y son incapaces de tener ideas propias y sólo saben copiar...

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