jueves, 14 de abril de 2011

Del GPS a la Maldonado: política y Emol sucks

Voy a ser sincera: me parece una pelotudez del porte de un buque que se haya rechazado la ley que obligaba al uso de GPS a los pescadores artesanales dueños de embarcaciones de más de 15 metros de eslora, más aún diciendo que la causa para hacerlo era el alto precio de estos aparatos, incluso salía una vieja (no recuerdo el nombre) diciendo que costaban más de 2 millones de pesos... ¡hello!

Hoy por hoy ¡hasta los celulares tienen GPS! y si el celular no sirve hay GPS náuticos por menos 100 mil pesos, cosa de "Googlear" un poquito. Por ejemplo, está este modelo Etrex H por $85.500 pagadero hasta en 3 cuotas precio contado ¿quiere algo mejor? entonces puede ser el Etrex Legend H por $112.900 ¿cuanto dijo la señora? ¿2 millones de pesos? por más que busqué no encontré ningún GPS a ese precio...y eso en Chile ¿más barato aún? dense una vuelta por West Marine ¡ahí tienen para regodearse!

Por esas cosas de la vida, años atrás, pasé un buen tiempo viviendo en Puerto Montt y conociendo de cerca el ambiente náutico; conviví con marinos civiles y de la armada, y en más de una oportunidad me tocó ver como se buscaba con desesperación algún bote perdido y no puedo dejar de pensar en el tiempo que se habría ganado en ubicar esas embarcaciones en caso de haber tenido GPS.

Me da rabia ver como gente que en su vida se ha subido a un bote o ha tenido mayor contacto con el mar, arriesga la vida de terceros por "quedar bien", por "política". Señores, "no es na" que se ahogue el pescador ¿pero porque chucha me tengo que arriesga yo al salir a buscar a un tipo que no quiso poner en su bote los mínimos implementos de seguridad? ¿porqué debo pagar con mis impuestos la bencina que la armada gasta buscando a irresponsables que no cumplen con las normas mínimas de seguridad? ¿alguien sabe en cuanto se puede reducir la búsqueda de una embarcación perdida en caso de tener GPS?

Leo en El Mostrador que diputados PS acusan de "negociado"con los fabricantes de GPS... "política" de nuevo, si los vendedores de GPS llaman a los pescadores para ofrecer sus productos y eso es "negociado", entonces también es negociado que me llamen del Parque del Recuerdo para ofrecerme una tumba y la propaganda política en tiempo de elecciones... ¡no me jodan!

Pero claro, como los pescadores artesanales caen la categoría de "noticia regional" a nadie le importa y no es tema "país" como el que la Maldonado se haya enojado por no sé que pelotudez... eso sí merece ser portada de Emol.

Tamos caga'os.

viernes, 8 de abril de 2011

Una Cerveza y la gata

Una cerveza, el encendedor, cajetilla de cigarros, cenicero, música de fondo, temperatura adecuada, teléfono desconectado, cortinas cerradas para no distraerme con el paisaje ¿no me queda nada por hacer? ¡baño! No vaya a ser que me den ganas de ir al baño justo en el momento menos adecuado ¡no se mueven! ¡ya vengo!....

… ¡Volví! Entonces ¿en qué estaba? ¡sí! Controlando que todo estuviera en orden para ponerme manos a la obra (eso de controlar es una forma de decir, en el fondo es evitar tener que ponerme a trabajar)…

Gatos, podría contar algo sobre los gatos, con lo que me gustan y sé de ellos nunca he escrito nada de gatos, solo la despedida que me tocó improvisar para la Tábata cuando murió. No me acuerdo mucho qué decía, sí recuerdo el entierro: los niños quisieron hacerle un entierro con todas las de la ley y no tuve más opción que hacer las cosas como la gente.

Recuerdo que cavé su fosa entre las docas del jardín. Pobres plantas, confieso que descargué sobre ellas mi rabia e impotencia, mi pena; agarré primero la pala pero como no avanzaba mucho con ella por lo duro del suelo, tomé la picota, y cada vez que la clavaba en tierra con toda la fuerza de mis brazos soltaba un improperio, cada tanto tiraba todo lejos y daba un par de patadas al suelo reclamando por tanta injusticia, luego retomaba mi trabajo. Confieso que fue una especie de catarsis, luego de sudar mi pena y gritar mi rabia quedé mucho más tranquila y pude poner mi mejor cara de “no ha pasado nada, todo bien”. Una vez que su tumba estuvo preparada envolví su cuerpo en una vieja sabana floreada, no sé, de cierta forma me daba cosa dejarla allí en la fría tierra sin nada que la abrigase. Recién en ese momento les dije a los niños que estábamos listos, que se podía dar inicio a la ceremonia.

Salí yo primero (el burro adelante para que no se espanté) con la Tábata en brazos envuelta en flores, los niños venían detrás mío con cara de circunstancia, callados y sin pelear entre ellos por quién iba primero. Llegamos al lugar dónde había cavado la tumba y ellos se pusieron ordenadamente a un costado y yo al otro, pensé que sería cosa de ponerla en el agujero y cubrirla con la tierra que había retirado, pero no ¡garrafal error!, estaba tomando la pala para iniciar la triste labor y terminar cuanto antes con ese trabajo que me tenía con la garganta apretada, cuando uno de ellos me dice “en los entierros de las películas siempre hablan para despedir a los muertos, tienes que decir algo de la Tábata, no puedes llegar y taparla así nada más”.

Confieso que quedé para dentro, sobre todo al ver un par de lágrimas que brillaban en sus ojos, las mismas que yo trataba de esconder pagando el precio de una incipiente jaqueca. ¿Por qué será que los adultos escondemos el dolor a los niños? Creo que ellos lo manejan mucho mejor que uno, demuestran lo que sienten, preguntan en voz alta lo mismo que se pregunta uno pero no dice y lloran sin preocuparse en que el otro puede pensar que hace el ridículo. Decidí que diría lo que me viniera del corazón sin cuestionarme nada, sin pensar nada, solo sintiendo. Recuerdo que empecé diciendo algo como “estoy triste, tengo pena”. Ya con eso sentí que los niños respiraban más tranquilos, de cierta forma creo que se sintieron acompañados en su dolor.

Sé que es una tontería tener pena por un animal, pero que quieren que haga, yo a esa gata la quería mucho. Tenía tantos colores que parecía uno solo: clavo oxidado.

Era insoportablemente juguetona, corría detrás de las cáscaras de nueces, cazaba moscas, saltaba por los muebles, escalaba libreros, husmeaba cajones, robaba almohadas, me escondía los lápices… Dormía en los canastos, se robaba mi almuerzo y compartía mi desayuno, maullaba constantemente pidiendo atención y ronroneaba de felicidad, me lengüeteaba de gusto y arañaba de confusión.

¡Era genial esa gata! Bien catete la verdad, pero más que nada por que era cachorro y se la pasaba jugando, no había cáscara de nuez que se salvara, las sacaba del canasto pequeño que está dentro de la paila de cobre grande con la leña al lado de la chimenea, y empezaba a jugar fútbol por todo el salón con ellas ¡zas! ¡pin! ¡zas! y pasaba la gata corriendo detrás de la cáscara que apenas un instante antes había chuteado a corner con la zarpa derecha (ni idea si eso de chutear a corner está bien dicho o no, pero me gusta como suena). Sí, era única.

“Tabata… ¿Dónde estarás? Quiero pensar que volviendo loco a San Pedro persiguiendo su manojo de llaves, estoy convencida que los animales también se van al cielo. Te lo habrías pasado tan bien este fin de semana, la casa llena de niños jugando, Matías trajo su pelota nueva y seguro lo habrías hecho rabiar tratando de morderla, y Miguel te habría hecho rabiar a ti tratando de amarrarte esas cintas que tanto detestabas en la cola. Llegó la Antonia, te buscó por todas partes, la abuela le explicó que te habías ido al cielo, que estabas junto a la luna y las estrellas, y ahora ella estira su bracito y apuntando al cielo dice ñaú…


Tabata, mi niña, ¿seré loca por echarte tanto de menos?”

Cuando me quedé callada y los niños se dieron cuenta que había terminado de hablar, Agustina se acercó y como si lo hubiera ensayado antes, tomó un puñado de tierra con su mano y lo lanzó sobre la sábana floreada que envolvía el cuerpo de la gata; luego, los demás niños, la imitaron en silencio ¡y sin pelearse por quién le tocaba! Cuando todos habían arrojado su puñado de tierra en la tumba me miraron con cara de “ya, ahora sigue tú con la pala”. Así que seguí yo con la pala.

Increíble, permanecieron callados y sin moverse mientras la fosa se iba llenando de tierra, luego, cuando empecé a comprimirla, vino el desorden: se pusieron a dar pisotones para apretarla mejor. Unos (ellas) reclamaban que eso era faltarle el respeto a la gata, otros (ellos) decían que era mejor para que se apretara bien. Cuando decidieron que ya no se podía aplastar más la tierra, hubo que decorar la tumba; mientras algunos buscaban palos para hacer una cruz, otros recogían flores y piedrecillas y yo me robaba unas plantas del jardín del vecino. Cuando ya el sol se ponía en el horizonte dimos el trabajo por finalizado. Tabata descansaba bajo una cruz de brazos caídos, rodeada de piedras irregulares y cubierta por flores. Era una tumba llena de amor.

sábado, 2 de abril de 2011

Sopa para Uno

Debería estar haciendo algo productivo tipo las tareas pendientes que tengo pero ando cero inspirada para pensar racionalmente. Me pesa la guata y no puedo dejar de recordar la carne que me comí a la hora de almuerzo... Y no, no fue mucha, yo cacho que más bien es la cantidad de días que llevaba en el refri lo que me sentó como patada; por mucho que estuviera cocinada parece que seis días es tiempo más que suficiente para que algo me caiga mal...

Entiendo esa manía de la Carlota de que "la comida no se bota", incluso la comparto, pero cuando ya entra en juego la salud como que me da "cosa", el problema es que si le digo algo sobre lo añejo, entonces me sale con su clásico "más vale que haga mal a que se pierda", o peor aún "si no te lo comes tu me lo como yo", y claro, como es tan flaquita la iñora me remuerde la conciencia imaginarla con cagalera, yo tengo algunos años menos y más "cuerpada", así que prefiero ser yo la carne de cañón y vamos comiendo sin chistar. Generalmente no me pasa nada, tengo guata de fierro, pero hoy como que "me le quedó atravesá la punta e' picana olle", y eso que estaba sanita, cocinada desde el lunes en olla a presión, algo de zanahoria como único aliño y 2 granos de sal para cuidar la presión y los riñones... "Sanito".

La Carlota es un caso, cada vez que uno se pone a revisar su despensa o refrigerador seguro encuentra algo vencido. Por ejemplo el martes pasado, me quise hacer una de esas Sopas para Uno, puse el agua a calentar, corté pedacitos de queso mantecoso para echarle dentro (me encanta como se derrite) y busqué un sobrecito de sopa; estabán ahí, abriendo el mueble dónde guarda el aceite y el resto de los aliños... escarbé a ver de qué tenía, elegí de espárragos y me relamía los labios pensando en el queso derretido. Hasta ahí, todo bien: llegó el último paso de mi preparación, revisar la fecha de vencimiento que aparece en el sobre... abril del 2008!!!

Me quedé sin sopa, compartí los pedacitos de queso con la gata y, a escondidas de la Carlota obviamente, bote a la basura todos los sobres de sopa vencidos.