miércoles, 18 de mayo de 2011

De cuevas, pinturas y recuerdos.

Hoy descubrí las cuevas de Chauvet gracias a un reportaje de National Geographic sobre un documental que Werner Herzog hizo de sus pinturas y quedé con unas ganas tremendas de ver ver el documental y conocer esa cueva.

Algo tiene la pintura rupestre que me impresiona sobre manera, me eriza los pelos y me hace "ver" cosas; despierta mi lado más instintivo y algo muy adentro de mi grita "es mío" al ver el dibujo de un búfalo, caballo, ciervo...

De chica viví en España, así que tuve la suerte de aprender muchas cosas en vivo y en directo y no por libros. Cuando en la clase de arte llegó la hora de aprender sobre pintura rupestre, lo más fácil fue llevarnos a conocer las Cuevas de Altamira, las originales, las de verdad, no la falsa que recrearon en el mismo Madrid un par de años atrás.

Nuestra visita a las cuevas de Altamira fue un paseo de fin de semana, de camping con todo el curso; en esa época debo haber tenido unos 11 años y tres cosas quedaron grabadas en mis recuerdos:

1.- El peso de la carpa de lona y palos de fierro que llevé, y que no pude volver a meter en la bolsa que llegó.

2.- La impresión que me produjo la cueva. La sensación de ir caminando tierra adentro, montaña adentro, roca adentro... inolvidable, única, terrorífica, adictiva, familiar... Había luz eléctrica pero yo no podía dejar de imaginar que estaba allí, sola, sin más luz que la producida por una antorcha de llama oscilante... veía todo tipo de animales fantásticos escondidos entre los pliegues de roca que la cueva formaba a medida que uno se adentraba en ella; sentía el olor a humedad, a tierra, a vapor... y todos esos animales rodeándome, observándome... Apabullante.

En alguna parte recuerdo haber leído que no se sabe realmente que representa la pintura rupestre; No, no hablo a que si es un caballo o un búfalo o pescadores los que aparecen retratados, si no a qué significado tenía para la persona que las pintó... ¿pasatiempo? ¿gusto por el arte? ¿invocación religiosa? ¿llamado para tener buena cacería?... posiblemente no lo sabremos nunca.

Viajo con mi mente miles de años atrás y trato de ponerme en el lugar de la persona que pintó esos caballos, esos búfalos... ¿lo hice(hizo) por pasatiempo? No, definitivamente no me voy a meter por hobby a las oscuras entrañas de la tierra dónde no llega la luz y vaya a saber uno con qué me encontraré. Si quiero una entretención mejor me dedico a cazar pajaritos o mirar la forma de las nubes echada sobre la hierba fresca ¿Quiero pintar por pintar? mejor me busco una pared de roca a cielo abierto dónde veo todo lo que me rodea y tengo luz... la única luz que conozco es la del sol y el fuego aún me produce temor... no, definitivamente no me voy a ir a meter a una cueva oscura por placer... y tampoco por amor al arte: si quiero presumir de artista mejor dejo mis pinturas en algún lugar dónde sea fácilmente visible por todos.

Sigo mi viaje... los hombres se quejan por que la cacería no ha estado buena y nuestras reservas son mínimas; debemos buscar alguna solución, alguna manera de atraer a los animales... Las mujeres tenemos el secreto de la vida y lo compartimos con la madre tierra; somos nosotras quienes damos vida y los hombres nos miran sorprendidos cada vez que lo hacemos, no entienden que de una persona salga otra persona, es un misterio... Compartir ese misterio con la Gran Madre es la nos hace más cercanas a ella, debemos pedirle ayuda para sobrevivir un nuevo invierno y lo haremos invocando a los animales que necesitamos lo más cerca de su corazón... por eso enfrentamos nuestro miedo a la oscuridad y nos internamos montaña adentro, buscando el corazón de Gaia para allí dejar plasmadas nuestras peticiones... y nuestros agradecimientos.

Una invocación, un llamado, una ceremonia... sí, eso me suena más cuerdo... Independiente a lo que diga (o no diga) la ciencia, yo tengo claro que las pinturas rupestres fueron hechas por mujeres pidiendo ayuda de la Madre Tierra, y agradeciendo esa ayuda; devolviendo la vida a los animales muertos con cada dibujo realizado.

 P.D. la tercera cosa que quedó grabada en mis recuerdos sobre ese viaje escolar a las cuevas de Altamira, fueron las pulgas con que regresé a casa... pero esa es otra historia.

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