martes, 17 de mayo de 2011

El juego del chisme

Uno dos tres, mira al revés
cuatro cinco seis, no des un traspiés
siete ocho nueve ¡y nadie se mueve!
Muchas veces me pregunto si seré un caso raro o todo el mundo "juega" mis juegos. Uno de mis favoritos (sobre todo en el metro, en la micro o la cola del banco) es cerrar los ojos, inhalar y luego exhalar muy lentamente mientras al mismo tiempo abro los párpados mirando por "primera" vez...

No hago nada, simplemente observo lo que hay alrededor hasta enfocarme en alguna persona que llame mi atención; me dedico a mirar sus zapatos, su ropa, sus manos, sus uñas, su pelo, su rasgos, su mirada... Si esa persona está acompañada, hago lo mismo con su acompañante. Si está hablando por teléfono... ¡bingo! ahí si que se pone entretenida la situación: una de las cosas interesantes de la vida es escuchar conversaciones ajenas (debo ser una vouyerista en ciernes) e imaginar la parte del diálogo que uno no alcanza a escuchar. Con toda esa información trato de esbozar su historia, de dónde viene, para dónde va, que tan bien o mal durmió anoche, que tanto se preocupa de cómo se ve...

Me puedo inventar mil cuentos que incluyen asaltos de banco con toma de rehenes (esa es mi preferida, sobre todo cuando llego a la parte en que salvo a todos), fiestas con amanecida, amantes del jefe, señoras del jefe con el amante, novios recientes y parejas de toda una vida... Las alternativas son muchas, puede ser la historia de un asesino a sueldo o un "dealer"; la historia de una puta cara o barata; tal vez la de un estudiante esforzado y a la vez trabajador aperrado, tal vez la de un enfermo terminal...

Sea cual sea la historia que me invente, siempre será extrema, intensa, única, porqué así es nuestra propia vida y esa sencilla y evidente razón es lo que la hace ser única única: sólo yo puedo conocer mi realidad por mucho que el resto imagine cosas deduciendo teorías por el aspecto de mis uñas, el estado de mi pelo o los retazos de conversaciones escuchadas a la pasada... ¿el resto? chismes.

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