miércoles, 25 de mayo de 2011

El libro de oro de la mujer: secretos de tocador

Memoria Chilena es de esos sitios que siempre sorprenden por lo entretenido y la cantidad de "rincones" dónde poder escarbar y encontrar cosas interesantes que cuentan nuestra forma de ser a través de los años.

Dentro de sus diferentes secciones hay muchos libros que se pueden bajar gratuitamente en formato PDF, y es de uno de esos libros que copio algunas líneas que, en su momento, han de haber tenido gran vigencia pero que hoy día más parecen el libreto de algún humorista. La "joyita" (y de verdad lo es) se llama "El libro de oro de la mujer: secretos de tocador" y es 100% recomendable si usted es de esas personas que tiene curiosidad por saber cómo se vivía a principios de 1900 en una lejano país llamado Chile.

Sobre cómo debe ser el tocador de una dama:
… ha de ser una pieza confortable que llene las condiciones requeridas para cumplir debidamente con los preceptos de la higiene. Esta pieza deberá ser de dimensiones convenientes, con luz y aire suficiente y con chimenea para poderla tener a buena temperatura. A falta de chimenea, la estufa. Las paredes aparecerán cubiertas con tela o papel de tonos claros. Pueden utilizarse telas especiales como el raso, el terciopelo, la seda, aunque son excesivamente caras para el objeto; la cretona resulta un poco fría y los guipures y muselinas, sobre transparentes de color, sólo convienen al tocador de las muy jóvenes; no dice bien una señora ya de respeto, de cabellos plateados, en este marco alegre más bien propio para encuadrar un nido virginal.
Sobre el tocador los frascos, de distinto tamaño o todos iguales, según el gusto, con perfumes, vinagrillos de toilette, lociones refrescantes, astringentes para el rostro; con las leches y pomadas de almendra, de vaselina, de pepino, pastas dentífricas, polvos, piedra pómez en polvo, jabón, etc.


Sobre el paño de la mesita irá el juego de cepillos de ébano, marfil, plata, oro, concha, según el gusto y la opulencia, aconsejamos no grabar cifras ni emblemas en relieve sobre los cepillos para evitar dañar el pelo, y aunque en los cepillos de ropa pudiera hacerse, es más elegante la armonía. El juego se compone de dos cepillos de cabeza, uno duro, el otro más blando y más largo; dos cepillos o brochas para los polvos de la cara, de los brazos y escote, dos cepillos para la ropa, un cepillo suave para las sedas y otro para el sombrero; además de un frasco de polvos para los guantes con un juego de baquetas para abrirlos, un calzador, un abrochador para las botas y otro pequeño para los guantes, el estuche con las diversas piezas para el cuidado de las uñas, las cajas para polvos, cosméticos, afeites y pomadas de belleza: una cajita para guardar los peines, los alfileres, una rociador, un vaporizador, etc…


En un ángulo, sobre una mesita ligera se encuentran los hierros y tenacillas de diversas formas y el infiernillo de alcohol para calentarlos. Las esponjas, colgadas y disimuladas en un rincón, y las toallas extendidas en la percha para que se sequen.
Sobre la ventilación que debe tener el tocador:
Podrán tenerse plantas verdes y ellas acreditarán que la ventilación es suficiente si viven allí sin marchitarse y sin que sea necesario sacarlas del gabinete; pero si las plantas se amustian, es señal evidente de que el aire es insuficiente, que los gases, los perfumes, desprendidos las ahogan y el aire es irrespirable; preciso será entonces dar al cuarto una mayor ventilación
Sobre la utilidad del espejo (esto no pierde vigencia)
El espejo es el amigo sincero que ni adula ni miente; él refleja inexorablemente lo que se le pone delante, sonríe amoroso a la belleza que en él se contempla y llora con la que no ve, al mirarse, más que una ruina lastimosa.
Es preciso saber mirarse al espejo; es precioso recibir las lecciones que no da, aplicar el remedio allí dónde nos señala el mal y no desantender ninguna de sus sabias advertencias, aunque éstas sean a veces crueles y dolorosas; pero son siempre sinceras.

"Momentos solitarios" (no se salten la parte dónde hablan de limpiarse el trasero con papel de diario...)
A pesar de nuestro vehemente deseo de espiritualizarnos, la naturaleza humana está sujeta a ciertas necesidades materiales y que nada tienen de poéticas.

la regularidad de estas funciones es condición indispensable para la salud y la higiene, y por lo tanto para la belleza; cuando la naturaleza se rebela, la tez palidece, sobreviene el malestar u el organismo se resiente.

Preciso es acostumbrar el cuerpo y forzar la voluntad para cumplir con esas leyes naturales todos los días y a la misma hora; la higiene lo manda, como manda cuidarse de los golpes de aire, que pueden ocasionar la neuralgia uterina, y no emplear sino papel higiénico o de toilette, pies el papel de diario contiene por la tinta de imprenta materias ofensivas e irritantes que pueden causar lesiones.
(Son este tipo de cosas que me hacen adorar la historia).

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