martes, 6 de diciembre de 2011

Cuando menos, es más.

Leon Tolstoi era un gran enemigo de las frases hechas y el uso de palabras inútiles; un ejemplo de ello es lo ocurrido cuando fue invitado por un director de escuela a visitar las clases de composición literaria.

El director, todo alborotado por tan insigne visita, propuso como tema de redacción a los niños escribir sobre el Mar. Ellos, ansiosos, se pusieron manos a la obra y cuando terminaron el director les invitó a leer algunas composiciones.


Los niños orgullosos, uno tras otro, recitaban acerca de "las juguetonas y espumosas olas", "la anchura insondable del mar que invitaba a la meditación”, y frases similares. El director de la escuela no podía contener su gozo ante semejante demostración de destreza literaria, hasta que llegó el turno de una niña que simplemente dijo "El mar es.... Grande".

El director se descompuso, no sabía que cara poner y estaba empezando a murmurar disculpas a la vez que regañaba a la niña cuando Tolstoi le interrumpió...
- Entre todas estas máquinas de recitar, esta niña ha sido la única que ha captado y sentido la verdadera esencia del mar.