sábado, 27 de octubre de 2012

A propósito de las elecciones

Mañana toca votar, algo que yo no haré por estar a más de 300 Km del lugar dónde me correspondería hacerlo, y debo confesar que no tengo ningún remordimiento de conciencia por no hacerlo (lo de votar). No conozco a ninguno de los candidatos, hace años que no vivo en la comuna dónde me inscribí y no le creo nada a nadie ni por muy optimista que me ponga: supongamos que sí existe un candidato con buenas ideas, honrado, equilibrado, justo, visionario –me da lo mismo el partido, a estas alturas de mi vida soy de las que cree en las personas– Supongamos que existe este raro espécimen de candidato a alcalde y ganó mi confianza, creí en él, voté por él y ¡oh! ¡sorpresa! sale elegido alcalde… pobre ingenua que creí que esa buena persona resolvería los problemas de mi comuna: no no no, ese pobre tipo que tuvo la mala idea de dejar su pega y meterse en política creyéndose de verdad el cuento ese de “por un mundo mejor”, se encontrará con una pila de concejales partidistas cabreados de que un NN les haya robado la pega, y por órdenes de su partido se dedicarán a hacerla la vida imposible trabando cada decisión que deba someterse a votación…

Apesta la política, o al menos así la veo yo: una simple ciudadana cansada de marchas que no llevan a nada, elecciones que sólo sirven para ensuciar mi ciudad, abusos de poder, asignaciones de sueldos envidiables, paseos de trabajo en motos de nieve y alguna que otra coima para conseguirle pega al hijo/sobrino/yerno del pelotudo de turno.

Mañana hay elecciones y no voy a votar; y no sólo eso, también escurrí el bulto con mi obligación de ser vocal de mesa ¿no se los había mencionado? Así es, nuevamente salí designada vocal de mesa pero esta vez me salvé por vivir lejos, muchos más lejos de a 300 Km. de mi centro de votación. Bendita internet: “googlié” el mail de mi colegio electoral y les escribí explicando mi caso junto con el PDF de una cuenta del teléfono para avalar mis palabras… me excusaron.

Algún puntilloso podrá decirme que está mal excusarse, que hay que cumplir con nuestro deber cívico… siga hablando señor, me da lo mismo: ya cumplí con ese deber para las elecciones presidenciales ¡y dos veces! ¿no ve que hubo segundo vuelta? rico tener que soportar los más de 30ºC de un domingo de enero metida en un gimnasio de lata… Y si de cumplir se tratar, lo hice con creces ya que tontamente me ofrecí de voluntaria para ser presidenta de mesa, así que además me tocó “trabajar” al día siguiente de las elecciones llevando el conteo oficial al colegio escrutador o cómo diablos se llame el trámite que se hace después.

¿Algo anecdótico? a la hora de contar votos en la primera vuelta, discutí con un tipo de sombrero e ínfulas de playboy que amenazó con llamar a los pacos previo decirme “tú no sabes con quién estás hablando”… Me molestó ese “tú”; yo jamás le di permiso para tutearme y me vengué diciéndole “es cierto, no sé con quién estoy hablando… y tampoco me importa” El tipo se puso colorado de rabia, se sacó el sombrero (tenía el pelo sucio) y me dijo “soy el diputado Pepe Auth y voy a denunciarte”. Más colorado se puso cuando le respondí que llamara a los pacos, que yo estaba siguiendo las instrucciones que dictaba la ley y que él, por muy diputado que fuera, no podía tocar las votos (quiso agarrarlos para contarlos él). Todo empezó porque a su parecer los estábamos contando muy rápido y al girarlos para mostrar que la cuenta era la que decíamos a grito pelado y no otra, algunos de los presentes en la sala no alcanzaban a ver bien dónde estaba la raya… del voto. Puede haber tenido algo de razón, pero éramos cinco mujeres cansadas, algunas despiertas desde las 5 AM, que sólo queríamos terminar rápido nuestra pega para poder irnos a la casa y ninguna estaba de ánimo para jugar a la “modeloca” paseando el voto por todo el gimnasio.

Gané yo: él no llamó a los pacos y nosotras seguimos contando votos tal cómo lo estábamos haciendo.

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