miércoles, 27 de febrero de 2013

3 años

Han pasado ya 3 años y yo casi no me di cuenta. Pocas cosas han cambiado a pesar de todo lo que ha pasado

Recuerdo que de chica mi madre siempre me decía “no te vas a dar cuenta y llegará el día en que una semana te parecerán horas y los meses días”, y tuvo razón por mucho que yo le respondiera “eso no me va a pasar nunca”, y dedicándome a correr por tener todo altiro, ahora, ¡ya!, y abandonando cuando los tiempos no eran los que yo quería.

La paciencia nunca ha sido una de mis virtudes, pero al menos ahora no me parece tan descabellado hacer planes y ponerme fechas y darme cuenta que, sin darme cuenta, pasan los meses y lo planificado se está cumpliendo sin grandes contratiempos. Un pequeño acto, un pequeño gesto, un símbolo, un ejercicio, un llamado de atención, un recordatorio de sueños… ¿traerá frutos? quién sabe, el tiempo dirá, pero pase lo que pase yo podré decir “cumplí al menos en eso”.

3 años ya. Ahora tengo una gata y vivo en una casa. La noche del terremoto la pasé sola en un piso 12 y lo que más me importaba era eso: estar sola, no tener con quién compartir el miedo, las bromas, los comentarios… Tampoco me gustó la sensación de estar enjaulada sin tener a dónde escapar. Esa noche me quedé metida en la cama mientras todo se zarandeaba de un lado a otro y escuchaba los “crash bang bing” de cosas cayendo, vidrios rompiéndose, transformadores saltando, sirenas sonando, cemento crujiendo y todo eso con un movimiento que sólo parecía ir en aumento; fuerza de la naturaleza desatada que no sabes cuando se detendrá. Miedo ante lo que puede pasar y curiosidad morbosa por saber cuanto más fuerte puede ser el terremoto antes que el edificio salte en mil pedazos: “¿aguantará?”.

Le hago el quite a vivir en Santiago, le hago el quite a vivir en un edificio. Tal vez, si pudiera pagar una casa, me replantearía la posibilidad de volver a vivir a la capital, pero está descartado de plano. No es mi realidad, no hoy, no ahora, y seamos sinceros… Santiago es una ciudad a la que preferiría ir sólo de visita.


miércoles, 13 de febrero de 2013

Los que sobran


Hay muchas personas que no son padre o madre, abuel@; tampoco tienen una de esas ocupaciones tan celebradas como secretaria, profesor, periodista u operador radial, y dejaron de ser niños hace rato; son heterosexuales así que tampoco califican para celebrar el día del orgullo gay o tampoco pertenecen a una minoría racial como para andar de fiesta el día de la raza. ¡Para que mencionar el 14 de febrero! si por esas fechas estás sól@ más vale que te escondas para que evitar miradas compasivas...

Los publicistas (sí, porque todas las fechas mencionadas son creación de ellos), debería inventar “el día de los que sobran” y celebrarnos a nosotros, los que no somos padres, abuelos, periodistas, secretarias, gays o cualquiera de esas lindas etiquetas que inventan para aumentar las ventas. Créanme, les iría regio.